Todos alguna vez hemos sentido miedo, por cualquier motivo y en cualquier momento de nuestras vidas, como esa vez en la que, de pequeño en el supermercado, volteaste a buscar a tu mamá y te desesperaste cuando notaste que no estaba dentro de tu espacio visual, o aquella vez en la que rompiste algo y tu mayor angustia fue cómo hacer para no ser descubierto. Pero, ¿qué es el miedo? El miedo es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento, a menudo desagradable, provocado por la percepción de un peligro real o supuesto, presente o futuro, e incluso pasado. El miedo nos hace ser las personas más valientes o las más cobardes. Sin el miedo, tal vez la especie humana no hubiera sobrevivido, pues no hubiera habido nada que nos alerte de los posibles peligros. No obstante, si no lo hubiéramos vencido, quizás aún le seguiríamos temiendo a esos supuestos monstruos gigantes que habitan al "borde" del mar, creyendo que la tierra es plana y que, si vamos más allá, nos encontraremos con ellos. El miedo puede ser nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo.
Sin embargo, ¿hasta qué punto está bien sentir miedo? ¿cuándo es conveniente el dejarlo de lado y arriesgarse? Hace poco sentí tanto miedo, como no había sentido hace mucho. No es ese miedo que sientes al estar frente a un perro furioso que te ladra en la calle o cuando ves una película de terror, es un miedo más abstracto, pero igual o más pulverizante. Ese miedo es el miedo al fracaso. ¿Por qué sentimos miedo a fracasar? No es que tu vida esté en riesgo si no obtienes lo que quieres, pero igual sientes esa sensación de que no puedes más y que lo único que harás es decepcionarte a ti mismo y a los demás. Tener miedo a fallar es sentir que, a pesar de todo el esfuerzo que pongas en conseguir algo, no lo vas a lograr. Si hay algo que he aprendido en estos años, es que ese miedo en especial no es para nada bueno, Es cierto, no somos omnipotentes y podemos fracasar, pero si eso sucede, ¿qué es lo peor que podría pasar? No existe nada que no se puede arreglar, con tan sólo volver a empezar.
El secreto está en que uno debe dar todo de sí mismo, de tal manera que si las cosas no resultan como queremos, no podremos arrepentirnos de nada, pues lo dimos todo y sobre todo, vencimos el miedo. Camina, corre, cáete y levántate, pero nunca permitas que el miedo al fracaso no te deje hacer lo que más quieres. Es mejor haber jugado y perdido, que no tener la dicha de haberlo intentado y quedarse con el sinsabor de un ¿qué hubiera pasado si... ?
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